DAMASCOS DEL VERANO

En el campo de verano de prima estival y sus trigos,
eres la Doña
en radiantes juegos del silo
Tú, patrona viuda del reino sin flores.

Yo, el menor de los mozos, 
sentado en las sombras
te miro desde el arroyo 
montando alazán sin montura.

Está el nocturno pasillo que cruzan sus siervos
con velas de sebo y blancos pendones;
fulguran chispazos del día en su alcoba.

En la colcha de seda respiras el hambre,
penetra el jardín de tus pechos
el corazón de mis propias telas.

Sueño desnuda a la Doña 
Me adivinas.
Me atas con uñas, 
Arrancas los miedos más castos.
Me alteras de noche rural y perturbas.

Las sirenas de Venus son muchas, te digo,
pero me sometes por la carne madura
que invade el membrillo con rubio escondite.

Dispongo un telón de voces profusas,
mi entrega rotunda,
fiel a tus brutas baladas, medido a tu antojo.

Tu garbo de Doña lo veta y lo vence.
Entonces, herida de ira de cuero
me azotas con uvas, 
me prendes jinete y repites.

Mi porte solo te importa si sangro.
Soy un chulo venal de alquiler.
No tengo las vueltas. 
No tengo retorno.

Regresa a tus celos primero
y muerde la dulce ocasión imponente,
la mortal picadura.
Soy impoluto si quieres:
tu puto  perfecto.

En el corsé de tu impacto 
soy el más necio y soberbio mancebo.
¿Qué quieres que haga? 
Apenas disfruto el momento.

Abriendo la noche con piernas de fiebre,
estoico soporto tus crudas lamidas,
el arco del vientre, mi cuota de loco;
mi Doña de carnes rotundas, totales.

Ninguna virgen impala en sábanas límpidas
sabe de hervor ni de lampiña apetencia.
Tú tienes la bárbara ciencia.

La flor está ajada y magra de carnes,
no emite falsetes de apremio.
Ni tienen tus ancas, mi Doña, 
el verano vivido.

En este patio no es posible el olvido
cuando al calor del verano 
los damascos maduran
y se pudren, yermos
perdidos.

NORMA JANE (Un poema para recitar en una escalera de emergencia de cualquier supermercado.)




Norma Jane era octubre con revolución,

hambre y ambición.

era sarcasmo, búsqueda y exilio.

horizonte brutal, cosquillas

y todo lo que afirmó Bretón.


En la escalera de emergencia

de cualquier supermercado

Norma Jane era cuerpo asombroso de ciudad

con todas sus trompetas de valquiria.


Era fusil, émbolo, ascensor y manivela de París.

Se merece allí, un monumento doctrinario

más grande que la torre

Se merece un desfile de cigüeñas.


Norma Jane arisca era la diva submarina.

bajo el nado de un tiburón en el acuario de Berlín

profética y mental,

se merecía el Mar del Norte,

su constelación con nombre y apellido

nada menos que una barca de cualquier caleta patriarcal.

¡Chispa de obelisco en la mejor oficina de la Plaza!


Norma Jane era la tropa reaccionaria

y la traición rural.

Enferma de camelias y de dama

reluciente de ováricos fantasmas

y sádica hasta el tuétano de todas mis corbatas

era la última palabra

en mi desempeño empresarial.


Oxigenada en su retrato

y depilada en todas sus pirámides

más sensual que una odalisca

era inmensamente lúcida,

En palabras propias de Rubén Darío

Norma Jane

era sonatina y lúbrica libélula.


Era reflectores en pleno bombardeo

hasta la punta de la lengua ilimitada y libre,

como el aire del ferrocarril

con todo su penacho de locomotora

en la estación de Karenina,

donde un día como Adán, vestido de mujer yo la besé.


Cumplí el protocolo

que pedía su imaginario Vía Crucis

Y la traicioné con varias amapolas

de la ciudad de Roma

Y me traicionó con papas de otras religiones.


Fermento del otario y de los Beatles

era Norma Jane

página anterior y nunca escrita

de un disparo insostenible

era la Provincia Recta de aquelarres,

sultana emperadora,

llena de aguijones de escorpiones y rosales.


Feroz en toda su dulzura que emitía

de un tirón arrebatado

licuó las protestas nimias de mi eximio silabario.

Estocolmo

y todos esos síndromes propios de vejez

quedaron chicos ante tal exquisitez.


Norma Jane

era la tensa cuerda de un soneto

y estallante trazo en mi varita de mago y de Merlín

a cualquier edad de todas las mejores y anteriores.


Norma Jane era supernumeraria como el fado

majadera en los pináculos del Tajo y Saramago

y en sus piernas descosidas de pupitre

era toda una Pessoa palabreando allí en Lisboa.


Era una menina Norma Jane

- lo digo yo - viajando en tren,

clavándome las gotas de su lluvia con placer

que revotan en mi peinado tan propio de la edad

cuando uno se ha olvidado de los besos

y vuelve a enamorar.


Norma Jane era,

sí,

es,

será,

sospecho

- por decirlo de algún modo -

todo el texto de mi biblioteca universal.

.

DE CADÁVERES























Aquí está el incrédulo cadáver.

Un cadáver tan distinto de aquel muerto
porque el muerto es un modo que se calla en un entierro.

Distinto es el difunto con sus ceremonias y velorios
o el fallecido con su gesto de viudo y de notario
con oscuro traje ex profeso en el sepelio

o el extinto que suena a colofón del obituario.

Pero el cadáver que se ama
aquel desnudo en el depósito y con acento lóbrego
tiene algo de suicida
y de mortaja, de huesera y calaveras.
de esqueleto con agudos huesos de guadaña
comparece con terror y compadece pánico
al cósmico vacío de la voz universal

El cadáver es lo criminal con esa "R" de la urna y de su verso irrevocable
con sus AES de catedrales medievales
infectadas con bandada de esqueletos de paloma
o del viajero de algún féretro
que se sopla entre los huesos de los dientes
con sus cántico morado.

El cadáver es primo hermano de la víctima que espanta
y siempre el más desnudo amortajado.

No tiene carajadas - Cárcamo - de carne
y desde el pecho de la escuela
regurgita crápulas y férulas
 y el vicio venenoso de sus versos.

El cadáver que platica en la bandera de combate
es la muerte misma que batalla 
aquí a tu espalda con tu ángel
a plena cuchillada en tu omóplato desnudo.
. . .

POR CUMPLIR

En el día de mi onomástico
Sufre la hoja su caída
y el círculo se entrega a su rutina,
ya verás que es de amanecida.
Soy el soltero sin el ruido
con el terrón deshecho de su vida.
Y se inclinó el jardinero
sobre una mata de maleza.
Cantó la cabeza del zorzal
sobre el pasto del jardín.
Beatriz rompió su cráneo frágil
contra el vidrio de la esquina.
Y está malhumorado el viudo
dueño del boliche.
El barredor de la cuneta
me miró con gran tristeza.
Y el camión de la basura pasa
mirando mi casa pulcra;
la mira con sospecha.
No. No era el corazón.
Era el celular lo que vibraba
en el bolsón de mi chaqueta.
La secretaria preguntó apurada
dónde estaba la carpeta.
A las diez me tomé un café y me reí.
A la una comí un plato de verduras.
Por la tarde resolví algunos problemas financieros.
Las noticias como siempre:
Murió el astronauta en su caída.
Robó el ministro algún semáforo.
Hay que proteger las fronteras del país
y mejorar la plusvalía.
El cielo con sus ángeles está a punto de caer.
Cumplí mis ocho horas de oficina
y con el pago de mis cuentas
cumplí los treinta y seis.
Y ha pasado todo el jueves ladrando como un perro.
Y me ladró el amor con su látigo aritmético.
Apenas estaba Dios esta mañana
en el trono que le dieron de barro y sueño.

GRACIA PLENA




Benditas sean las raras
maratones de tus labios que aprovechan mis rincones
y benditos esos cardenales bruscos.


Benditas sean tus cartas de tarot
clavadas al canto vivo en el monte venusino
y que son tus raras excepciones.


Bendita sean esas ingles tras la curva de tus nalgas
y tu bola de cristal entre las piernas
que embelesan mis articulaciones.


Bendita sea tu gordura cariñosa y tus ganas flacas
ambidiestras bondadosas
con mi centímetro redondo. 


Bendito siempre sea este lamido quejumbroso
y el mordido bendecido que lamenta
tus escombros recorridos como si fuera Lucifer.

Intrínsicamente
que bendito sea tu marido
y expresamente
el cornudo que me hacés.

Bendita sea la revista femenina que tutelas
y esa boca tuya que me injuria en cada texto
y los dedos de tus pies que me rasguñan
y el lazo que rodea tu cintura que me cimbra
y que lastima con pretextos
y las migajas que repartes
benditas sean exprimidas de tu profundo acantilado.

Bendito sea ese tatuaje
con su flor de lis
en la nuca de tu lengua
mariposa que se posa roja
en la punta de mi gota.

Benditos sean esos dedos comprimidos
que apuntan al corazón equivocado
y bendita seas de rodillas cuando imploras.
y maldita
cuando olvides mi nombre para siempre.

EROS Y TÄNATO

MUERTE;


Arderás
como un sol sobre mi cuerpo,
encendida fruta espesa.


Y bastará mi voz
para acallar tu fuego;


VIDA

STELLA DIAZ VARÍN


La flaca es pelirroja
Peligrosa y otras diosas
Pelirrojo el aire que respiro en sus películas. 
La guerra con todas sus batallas y combates
y las manillas de su reloj despertador
ring ring
con su aparato atracador aterrizando
certifican sus bellos pelirrojos.

Bonita y roja - voy citando sus escritos - 
como el corazón de la madera
con ronca voz humeante de las motos
y rudo terciopelo bermellón
caudaloso es su cogollo de bravura roja

Pelirroja es su rodilla donde hospeda  
la más íntima canción de inquina
cuando a pie en los urinarios mea.
La roja llama de la vela es gota,  si es que llora.
Y es el brillo del tomate
fresco - del huerto – beso.

El soltero azar con su bandera pitonisa
pero bello de revolución
la colorina lo adivina. 
Es pelirroja su púrpura paliza que predica
y maltrata con un jab
la mariposa contrincante que le toca 
La desnuda brasa que me iza a la tormenta 
Díaz se apellida en su crepúsculo parado en la cornisa.

Cristo en el circo de los mismos
o la fogata colorina y su peinado
se encaraman en el cielo de mis párpados cerezos 
y en la barra empina el codo la cresta de los gallos
porque sabe que es bella pelirroja 
hasta el coraje de sus huesos.

Sola contra el mundo con pelirrojos pies,  
su majestad voraz de los incendios danza 
y resucita entre los vértigos desnudos 
de la palabra mujeril 
precisa
que en su víbora babea de latidos
la nupcial antorcha de Lourdes
soplando en su botella los náufragos de viejas violaciones.
Lo sé,  
porque vengo de su luz chilena como escombro vivo 
y porque asisto a misa.

Ardió
y ardió a los cielos.
Se prendió fuego
en un millón de chispas huecas de vacíos cavernosos 
sordas,  por ejemplo
y más que llama  
humo perfecto y todo en la ventana.





PÁJAROS DE INVIERNO

Clavaré veletas
para que no las mueva el viento
y  el humo de la chimenea
será el camino de los pájaros de invierno
perdidos en el tráfico de vuelos  iniciales.

Esas aves son memoria
en las hojas de mis  vacaciones invernales.

Arribarán con cantos que olvidé
cuando sueño junto a ti

A los pájaros les gusta el blanco de sus plumas
y el vértigo perfecto de su trazo.

Y sus  huevos 
con su curva de embarazo empollarán un arcoíris.

El granizo
es baqueta en la membrana del tambor de cada techo.

La sonrisa  del verano de mis hijos 
será  parida en un rayo luminoso
fugitivo y frío
y en la barriga negra de las nubes
clavaré la veleta como quilla.

Se me queda la luz prendida en el espejo 
por eso se me escapan las palabras antes de su entierro
cuando te apareces de improviso dando saltos de contenta
porque hablo sin temor  
y desprovisto de dolientes atenuantes
cuando clavo la veleta en mi memoria.

Es que es mucho
el granizo con la nieve galopando mis tristezas
por la ausencia
por el sótano que sale de mis ojos
por  el interrogante de mis muertos, 
clavo la veleta muy precisa medio a medio.

La granizada me golpea hasta la muerte de mi infancia
y me aturde torrencial
puntual
exacta. 

Con vocales 
me atolondra la insoportable médula sin nombre
y me asfixia ese redoble si no clavo la veleta 
de aquí a noviembre,  antes del regreso.

Hay mucha metafísica nevando
en la levedad del miedo centenario al recordarte.

Miro los demonios por las llamas de la chimenea
mientras sube acelerado el humo de sus almas
y la veleta gira como loca en la tormenta.

Ya sé lo que haré en este invierno;
clavaré veletas
para que no las mueva nunca el viento.

POEMA EN EL ROPERO

Invíteme a dibujar las curvas que deseo. 
A dibujar ciudades y autopistas
en sus tejidos y sus nudos 
invíteme al revés del universo;

Ofrézcame el portal de sus zancadas y derrítame,
a ver si me perturba
el pensamiento submarino
de la profunda golondrina sumergida 

en la nube musculosa de sus pasos

Mis fantasías 
acállelas con sus correos
a cada paso, en el braceo y al año nuevo
Murmúrelas apenas por escrito. 

Usted sabe mi nombre y conoce mi dictado.

Sírvame la copa más profunda y mídame el tamaño 
de la sed que yo a usted le tengo.
Incíteme y celébreme hasta el goteo
la cantinela de profeta  que le explico 

Provóqueme la noche que le tengo prometida.
La misma de la boda primeriza 

que tiene serpentinas y semillas
líquenes y el perfume de mis plumas.



Atáqueme  de espaldas
y disimúleme en los sueños, 
Perviértame con golpes de almohadones  
la certeza de este amor eterno que padezco.



Adúleme con la apretada ropa de sus curvas,
y su tatuaje que perturba 
mi ponzoña en la mordida
Revéleme princesa
el sonoro timbre de sus dientes,

Enrúlese los moños y su cola de caballo
bautíceme con la  miel de sus deseos
que estoy para servirle así torcido y todo.


Mastíqueme despacio, 
por el tiempo en espiral y mójese los labios
antes de subir al corcel del carrusel.
Y aféiteme las ganas de quererla en el espacio

Y si no cree en la plegaria ni el apetito de mi rezo
recomiéndeme con otras 
las ganas que se pierde
y júreme que le sobra este vicio exuberante
o béseme con su navaja de improperios.

Y apláudame sobradamente la candidez 
por mi descarado atrevimiento.
Siempre suyo y cuando quiera.

PATRICIA


Vino blanco del valle con sus trigos
y su resplandor dorado
es Patricia marital y adobe
en los muros de la iglesia
azotando sus cabellos rubios
al vigor de los membrillos.

Y sus pechos casi nuevos
son la fracción del pan temprano
o la torta rutilante de los higos.

Sus rayos luminosos me fragmentan
como el oro de monedas
en las manos huecas de un mendigo.

Detona su franca risotada
que devoro en pleno Enero
cuando escapa saltarina
y evasiva
o
imposible
como siempre.

Y regresa
a mirar lo que me rompe adentro.

¿ POR QUÉ ESCRIBO ?


En el año 2006 encontré “La Página de los Cuentos". Allí hice muy buenos críticos con mis escritos; lectores y enemigos.  Antes de participar en dicha página,  escribía experimentalmente, exploraba, jugaba. Nadie padecía mis escritos. Pero al ingresar a formar parte de esa comunidad las cosas cambiaron, alguien se tomaba en serio lo que yo hacía y me pregunté:  ¿Por qué escribo? 

Para entender, para vivir más allá de mí, para ser lo que no soy, para que nada de esto se vuelva a repetir. 

También para repetir mis felicidades de infancia y sus miedos. Para volver a inventar historias revolucionarias y perversas. Para sellar la memoria. Para sanarme de no sé qué. Para olvidar; definitivamente para olvidar. Para odiar sin daño. Para mirar con ojos de papel porque escribir es saber mirar. Para intentar escribir mejor. Para trabajar. Para precisar la realidad. Para mentir y falsear sin pecar. Para vivir la libertad. Todo eso y al mismo tiempo. Para inventarme y porque no queda otra salida 

Me gustaría decir que escribo “para sobrevivir a la muerte”… “deambular por el laberinto humano”… o para "expresar el ser, el Dios, en la claridad del ser-ahí del Otro", pero no sé por qué escribo, nunca se me ocurriría pensar en ese tipo de transcendencia. Me interesa mucho más entender para qué escribo. 

Tal vez por contorsionista escribo, porque lo necesito, porque adoro las sorpresas, porque no quiero ser infeliz y padezco un tremendo narcisismo. 

Porque de pronto las cosas en las que creía ya no valen y mis escritos siguen siendo ciertos aunque avergüencen. 

Porque no estoy muriendo. Por dármelas de descubridor. Porque la felicidad está en las palabras y necesito urgentemente repetirlas, retorcerlas, rejuvenecerlas;  incluso fingirlas.

Porque no sé bailar. Porque todas las cosas tienen infinitos significados. Porque leo. Porque necesito nombrar algunas cosas de nuevo, nombrar a alguien que ya olvidé,  por exceso de lectura. Porque la sigo amando. Porque la deje ir. Porque lo hice. Porque es barato este delirio. Porque necesito contarme cuentos y significar visiones. Porque ordena. Porque si escribo, no hago las tareas, entonces escribo por flojera en vivir la vida.

Escribo por crear objetos de arte cuya materia es el lenguaje, porque se libera una pasión que comunica, Es cierto que comunico de mis experiencias personales pero el motivo no es el comunicar, sino el liberarme de no sé qué.  

Porque alguien me espera. Porque solo me perdonan lo que escribo. Porque alguien me espera en ese vendaval de esdrújulas barrocas. Porque un texto me contaminó. Porque no entiendo. Porque también requiero una cama de laureles, las ínfulas de divo y mi levitación periódica con su aureola de santidad edénica. 

Porque me gusta ver caer la nieve y que no haga ruido. Porque no quiero hacer nada más y no soporto que me digan lo que tengo que hacer. Porque transpiro. Porque me gusta mentir. Porque me gusta teclear. Porque de ese acto no ocurrirán batallas con su número de muertes. 

Eso sí; me gusta corregir más que escribir y para que ello ocurra, primero debo escribir. Porque se acaba el tiempo. Porque me permite estar absolutamente solo, sin nadie a quien escuchar, sin nadie a quien salvar. Por sin sentido y sin razón. Por ti y por mí.

Todo esto y más, ha sido escrito y pensado por otros y mejores, por nadie y por todos, por lo tanto no escribo para ser original si no para testimoniar lo que leí, lo que escuché, lo que alguien sopló a mi corazón, lo que no olvidé y dolió. Para llenar silencios o liberar el ruido que no permite silenciar mi mente.

Para conversar con otros textos porque en la cabeza me explota el torbellino de palabras, porque me gustan hacer amigos y rabiar a los enemigos.

Porque nadie es el mismo después del texto. Porque se es mejor persona para los Otros; incluyendo al que fui, lo cual reduce las sombras que proyecto.

Tal vez escribo para salvarme de no sé qué, ni para qué.


Porque al fin encontré una palabra que tal vez lo explique;                                             ESCRIVIVIR.

Sigo sin saber por qué escribo pero sé que importa a otros.

LES PROPONGO, POR AUGUSTO ALVARADO CÁRDENAS



Fallecido el 11 de Enero de 2006 en Buenos Aires, Argentina.


Veo que el foro se ha llenado de Pitágoras, acólitos y estoicos
Veo un carnaval con demonios rojos y fruteros
pregonando idioteces en la Misa y en el atrio.
El color de cuna me lo dieron con los óleos 
y lo mantengo desde que fui al primer sepelio. 

Nunca me avergüenzo de mi santa indignación de cura
Ver tanto apátrida quebrado ha sido más que suficiente.
Como héroe saltando al abordaje o poeta acongojado
bramo a ustedes, carnaval de prepotentes.

Veo con mi bola de cristal que son pocos 
los que saben llorar con lágrimas inmensas y sin mocos. 
Al natalino y muy difunto Augusto 
que nunca tuvo miedo de saludar a sus verdugos 
hay que recordarlo con orgullo. Serenamente.

Déjenme decirles que el difunto Augusto, hijo de Alvarado
también era hijo de sí mismo y de la patria Patagonia,
Esa patria sin fronteras en la que no caben las trincheras
pues nos unen, calafates y esqueletos de ballenas.
y también la ausencia del exilio y el suelo que lo espera.

Era hijo puro de la pampa, del témpano y del viento.
Me niego a recordar su nombre con la rabia.
aunque más de alguno me recuerde 
que a mí no me concierne.

Recordaré su caminata al hospital a parlotear con enfermeras
para mirar feliz a todas las doncellas.
Cómo rugían, bramaban y tosían 
cuando Augusto les cantaba el
 treinta y tres.
Y él ni se movió del escritorio para observar esas enaguas

Recordaré al reportero de la pampa
esperando a que el viento amaine
afilando su cuchillo junto al vino
con el mapa exacto del Tesoro de Cambiaso:
la mejor botillería de la patria.


Por ello brindo en bota, con el truco y la bufanda.
Y tal como se estila, con mi boina Alosegui de Tolosa
Que me disculpen los que beben chicha en cacho:
aquí bebemos vino con el calor de la amistad.

Los patagones cuando estamos sobrios
le cantamos a la pampa por unanimidad.


Algún pálido con vocación de atleta mencionará
la historia que contó del inolvidable Cloroformo.
Ese intérprete de payas que se creía Juan Tenorio
y que perdió el campeonato por pegar a la maleta
con el misterioso golpe, llamado el gualetazo.


Allí estará Augusto Alvarado Cárdenas
en el perímetro divino de todo el cuadrilátero 
recién bañado y cantando a todo pecho
la canción terrible y nacional de los infiernos.

Estará haciendo lo que siempre hizo:
concertando la vida de los ángeles,
mateando un cacho con los querubines,
y firmando un pliego de petición celeste.

Les estará diciendo rugiendo mordiendo: 
Mijos; 
llevan mucho tiempo estrujando este limón 
ya están maduros para jubilar. 
Retiren esa costra hacia fuera 
de curas, estropajos y cadenas. 
Hace algunos años se acabó la esclavitud. 
Es mejor, amigos, que abandonen el burdel 
porque ustedes ya no tienen vocación.

Amigos; 
les propongo por AUGUSTO
brindar mirando al sur
tal como era su saludo.

BISAGRAS



Me concentro en las bisagras.
Tendría que decir aquí;
mi espalda.

Esas puertas que abren hacia adentro;
¿Cuantas veces abrieron la palabra inútil?
Soy tu hermano.

¿Cuantas veces te dijeron; traicionaste?
Soy tu padre.

¿Y las que abren hacia fuera?
Esas puertas que te expulsan
con la prisa
de las fotos del recuerdo.
Soy tu madre.

Soy y son
siempre las bisagras.
Esas manos que te centran al alero de la brisa
y en el amor simulando al duradero.
Soy tu amigo.

Enciendo un cigarrillo.

Camino con tristeza
y en el humo prieto que se escapa
se me resbala Dios
y un abrazo que me diste.

Soy enemigo.