DAMASCOS DEL VERANO

En el campo de trigos,
eres la Doña
en resplandores del silo
patrona viuda 
del reino en sigilo.

Yo, el menor de los mozos, 
sentado en la sombra
te miro montando alazán sin montura.

Está el pasillo nocturno que cruzan tus siervos
con velas de sebo y blancos pendones.

En la colcha de seda respiras el hambre,
y el jardín de tus pechos
penetra el corazón de mis telas.

Sueño desnuda a la Doña. 
Las sirenas de Venus son muchas,
y con fruta madura sometes
mi rubio escondite.

Mi entrega es rotunda,
fiel a tus brutas baladas, 
medido a tu antojo.

Herida de ira
me azotas con uvas.
Repites.

En el corsé de tu impacto 
soy un recio y soberbio mancebo.

Abriendo la noche
estoico soporto tus crudas lamidas,
el arco del vientre y mi cuota de loco.

Ninguna virgen entre sábanas limpias
sabe de hervor 
ni lampiña apetencia.

La flor está ajada, mi Doña 
y en tus ancas arde
el verano vivido.

En este patio ya no es posible el olvido
Los damascos maduran
y se pudren, yermos 
perdidos.